Sin lugar a dudas que este desorden tiene sus raices desd
e hace varias dècadas, aunque el caos no era tan evidente como ahora, ya que el parque vehìcular no era de la magnitud del que tenemos hoy; tambièn porque existìan otros criterios sobre el sindicalismo. Asi tenemos el caso del otrora sindicato Unachosìn, ùnico en su clase.
El desorden comienza cuando la polìtica hace presencia en el sector, lo que ha devenido en la creaciòn y/o formaciòn de un sinnùmero de sindicatos que hoy por hoy han cobrado una fuerza y un poder tal que en la mayorìa de los casos han obligado a los gobiernos a sentarse en la mesa de las negociaciones, logrando con ello grandes beneficios, supuestamente para sus afiliados.
En la medida en que la polìtica hacìa acto de presencia en estos grupos, en esa misma medida sus “lìderes” tambièn se fortalecìan polìticamente hasta el punto que hoy la mayorìa de ellos pertenecen o estàn afiliados a los partidos polìticos tradicionales o mayoritarios.
Hoy tenemos sindicatos cuyo poder ha sido capaz de paralizar las labores cotidianas del paìs, provocando con ello el caos y el desasociedo de cientos miles de personas que utilizan sus servicios para trasladarse a sus centros de trabajo.
De igual modo, es preciso señalar que estos grupos de sindicatos permanentemente han venido presionando a los gobiernos con el objetivo ùnico de que les renoven su parque vehìcular. Asi hemos visto proyectos como el Plan Renove.
A pesar de que han logrado este objetivo, el servicio que prestàn es de la peor calidad como se puede observar en la foto.
Otro aspecto que se debe señalar es que la mayorìa de las unidades que conforman el parque vehicular de estas empresas llamadas “sindicatos” son propiedad del Estado, ya que fueron adquirdas con recursos del estado en calidad de Préstamo. Solo FENATRANO adeuda al estado dominicano mas de 500 millones de pesos; y lo peor de todo es que, a pesar de que las guaguas son del estado, por la deuda, las mismas son paralizadas en los denominados paros y huelgas.
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